jueves, 23 de octubre de 2008

La travesía de Antonia

EL LLAMADO A LA AVENTURA. Antonia empieza a conocer muchos hombres, jóvenes como ella y otros un poco mayores, con los que entabla diferentes relaciones en busca del amor, pero que por el afán de llenar el vacío que tiene la hace cometer muchas equivocaciones y entrar en crisis más profundas, que en la que está, una vez finalizan, al poco tiempo, dichas relaciones.

LA NEGATIVA DEL LLAMADO. Antonia al fracasar en todas sus relaciones siente miedo de no encontrar el amor, de no ser capaz de conseguir un hombre que la ame, la valore y sobretodo la cuide. Está cansada de buscar y no encontrar ni una señal que la acerque a lo que tanto anhela. A veces piensa que simplemente ella no nació para eso y que las cosas lindas de la vida le son esquivas y tienen que ver con otras mujeres que sí tienen la fortuna que ella no.

EL ENCUENTRO CON EL MENTOR. En su mayoría de veces es Roberto quien la ayuda a salir de esas crisis, es quien le recuerda lo maravillosa que es, y lo afortunado que sería un hombre al lado de ella, quien la anima porque el amor puede estar más cerca de lo que ella piensa.

CRUZANDO EL PRIMER UMBRAL. Antonia conoce a alguien, con quien espera por fin conseguir lo que tanto anhela.

PRUEBAS. Son las relaciones y los hombres con quienes las establece, además poder reconocer en su afán lo que sí es amor. ALIADOS. Su único y real aliado es Roberto. Otras personas pueden aparecer para ayudarla en algunos momentos de su travesía, como sus tías, alguna amiga. ENEMIGOS. Su mayor enemigo es lo sola y vacía que se siente, además de su obsesión con el amor, los hombres y un posible bebé.

ACERCAMIENTO A LA CUEVA RECÓNDITA. En la relación que se encuentra Antonia las cosas están funcionando, como no suele suceder, pero ella se siente peor que nunca. Entra en la peor de sus crisis.

LA ORDALÍA. Antonia reconoce que lo que quiere no es estar con el hombre que está sino que sus sentimientos por Roberto siempre han sido muy fuertes y no sólo de amistad, pero siempre ha evadido esa situación por todo lo que tendría que afrontar.

RECOMPENSA.
Antonia se da cuenta que Roberto es su gran amor y que él siempre ha estado ahí para ella. Encuentro entre Antonia y Roberto.

EL CAMINO DE REGRESO. RESURRECCIÓN. RETORNO CON EL ELIXIR.

Dato Oculto

Antonia, estando bastante joven, en una de sus tantas relaciones sexuales quedó embarazada. Ella se dio cuenta de esto al segundo mes, pues la ausencia del período no era sospechoso para ella, quien estaba acostumbrada a vivir con un ciclo femenino cambiante e irregular. También porque se hacía con cierta frecuencia pruebas de embarazo, cuando soñaba o sentía que ese era su estado y el resultado de su vida sexual activa y su enamoramiento ligero, además que era la solución más sencilla para Antonia de contrarrestar la incertidumbre de su falta de período.

Sin embargo, ella se quedó callada, esperando el momento oportuno y la señal indicada para saber qué hacer. La señal llegó al finalizar el cuarto mes cuando, ella ya se imaginaba que le decían que era un hombrecito lo que estaba esperando, tuvo un aborto espontáneo mientras dormía. Antonia tuvo una depresión severa, Roberto, el inquilino, fue quien la acompañó y ayudó en ese momento. Una vez “superado” esto, Antonia olvidó casi por completo lo sucedido y fortaleció su relación y sentimientos hacia Roberto, quien es el amor de Antonia.

Cabe mencionar, que Antonia es una joven que debido al abandono de sus padres buscó ubicar en otras personas desde muy pequeña esos patrones ausentes. El patrón de su madre de alguna manera lo encontró en sus tías de crianza. Pero el patrón paterno al no encontrarlo en alguien fijo, lo continúa buscando en cada hombre que aparece en su vida.

jueves, 9 de octubre de 2008

Tiempo y Color

La historia de Antonia se cuenta desde el presente pero salta constantemente al pasado, pues éste es determinante para comprender la situación actual de ella. También se podría pensar en realizar algunos saltos hacia el futuro para ir ubicándose en el momento de ella, quien está en el presente, atrapada por su pasado y "adelántandose" a su futuro.

El color básico de Antonia es el rojo, con su variedad de matices obtenidos por mezclas ocasionales con otros colores y especialmente con el blanco y el negro. Este color es fuerte, el más caliente de los colores cálidos, símbolo de materialismo, desconfianza, rabia, pasión, sexualidad, peligro, acción, impulso. Igual que ella.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Ejercicio de narradores

Antonia llega a la droguería, ubicada cerca a la casa de Jhon Jairo, va por los resultados de una prueba de embarazo, esta es la cuarta prueba que se hace desde que está con él, las tres anteriores por fortuna fueron negativas. Aunque a veces, en pensamientos ligeros y algo locos, Antonia quisiera que el resultado fuera otro, pues le da miedo pensar que pueda ser infértil y sea una especie de castigo o lección de la historia de sus papás.
Por fin llego a la droguería. Siempre paso por aqui para ir donde Jhon Jairo. Pero hoy es diferente. Qué me saldrá esta vez, es la cuarta prueba desde que estoy con él, ojalá ésta no sea negativa, debo estar loca por querer otro resultado, pero es que, y si soy infértil, será que no merezco tener bebés. Ojalá sea positiva pero negativa también.
Llegas a la droguería, ubicada cerca a la casa de Jhon Jairo, vas por los resultados de la prueba de embarazo, esta es la cuarta prueba que te haces desde que estás con él, las tres anteriores por fortuna te salieron negativas. Aunque a veces, pareciera que quisieras que el resultado fuera otro, es como si te diera miedo ese resultado, como si pensaras que eres infértil o que tal vez te estén castigando por lo que ha sido la historia de tus papás.
*No sé que narrador usar, me gusta el primero y el segundo, pero con el primero creo que se me escapan los juicios que no debo hacer, porque lo cuento obviamente desde mi, en cambio con el segundo lo siento diferente. El tercero no me gusta.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El universo de Antonia

Antonia vive en la casa de las tías, ubicada en la ciudad de Cali, en el barrio El Lido. El antejardín deja ver los años de la casa, la puerta no cierra y el garaje chilla cuando abren para entrar el carro de la tia Lucía, quien a chiste dice q ella tiene es “ca” porque está que se desbarata su carrito. La casa es de tres pisos. En el primer piso, a manera de sótano, hay un patio, una piscina vacía y una habitación en la que vive Roberto, un inquilino de hace 2 años y que trabaja como psicólogo para una fundación en contra del maltrato infantil. En el segundo piso, está la cocina y ahí mismo una mesa que hace de comedor, ya que donde sería el espacio del comedor está vacío y es donde Antonia jugaba cuando niña, además es el espacio donde mantienen los perros que viven en la casa; son seis perros y dos gatos, una bóxer, un schnauzer, un dálmata, dos criollitos y un pincher, este último es el de Antonia, todos los animales que viven ahí han sido recogidos de la calle por las tías. En ese mismo piso, hay un estudio, lleno de libros viejos y empolvados, además de cualquier tipo de “basura” que por ahí guardan, es aquí donde la tía Lucía se toma su café mientras redacta documentos que le quedaron pendientes del juzgado hasta altas horas de la noche. La sala mantiene con la puerta cerrada, conservada para visitas u ocasiones muy especiales, que no suelen llegar. También está el cuarto de Jenny, otra inquilina que sólo está en la casa de 11 p.m a 6 a.m. pues su trabajo y estudio así se lo permite.

El tercer piso, es donde realmente viven, aunque la casa es toda de ellas. Están las tres habitaciones, la de Antonia y cada una de sus tías; los cuartos están conectados entre sí por puertas, en el centro de estas queda la sala de televisión, y aquí en el rincón derecho hay un computador por el cual Antonia se ha comunicado desde pequeña con su papá, y en el que disfruta pasar horas conociendo gente.

El cuarto de Antonia es amplio, o así luce, debido a la falta de objetos dentro de éste. En el centro del cuarto está la cama; una cama sencilla y muy bajita, con un tendido de perritos, el cual alterna con el de frutas ácida, que siempre le ha causado mucha gracia. Hacia el lado derecho, está la cama de su pincher, que más bien es una maleta de esas para transportar las mascotas en un viaje, pero que de niña escogió por tener forma de casita pues pensaba que ahí iba a estar seguro su perrito. Al lado izquierdo, tiene un escritorio, donde se sienta hacer sus tareas y se pone a escribir cuando se desvela y sus tías no le dejan usar el computado, aquí mantiene una foto de sus papás con ella cuando estaba recién nacida, una imagen pequeña de la Virgen de Guadalupe, que le dio su abuela paterna, un vasito lleno de lapiceros y colores junto a su diario de princesas, que tenía cuando estaba más pequeña pero en el que de vez en cuando le gusta escribir o simplemente leer y reírse o llorar de lo que ahí está contenido. En la otra esquina del lado izquierdo tiene un tapete con dos cojines y un canasto para echar la ropa sucia. En el techo de su cuarto tiene pegadas estrellas que iluminan en la oscuridad, pero que ya no iluminan casi por el tiempo, además de un móvil de ángeles. En las paredes, hay una repisa donde tiene sus muñecos, hay uno en particular, un perro, que le regaló uno de sus amigos especiales, el cual tiene un cierre porque es doble faz, por el otro lado es un conejo, y Antonia lo utiliza para guardar cosas que sus tías no pueden encontrar. También, hay en las paredes una especie de retrato de ella, un espejo y papeles con mensajes bonitos.

jueves, 4 de septiembre de 2008

El abandono


Para cuando nació Antonia, sus padres se habían ido de la casa de las tías, por conflictos económicos, para donde la abuela paterna de la nena. La abuela tenía ya suficientes problemas y dificultades; sin embargo los recibió como pudo. Vivían en un barrio de esos, que según las especificaciones físicas de las casas, se denominan de estrato bajo; donde los vecinos sacan sus equipos de sonido a mitad del día y a todo volumen escuchando sus cantantes de guasca o de sala preferidos; en los que se encuentra en cada esquina un grupo de muchachos que con su mirada de “malos” te hacen sentir que estás en un territorio ajeno; donde las calles son tan estrechas que ningún carro quisiera encontrarse algo varado en el camino, y que al pasar todos los ojos de la cuadra te observan mientras entras y vuelves a salir; en fin, un barrio de esos. Antonia recién nacida, dormía en una cuna improvisada, al lado de la cama de sus papás, en la sala de la casa de su abuela. Apenas se entraba a la pequeña casa de dos pisos se podía escapar uno de tropezarse con la cantidad de cosas que tenían, unas encima de otras, y así se sentían ellos, arrimados en el pequeño espacio que la abuela con gusto tenía para ofrecerles.

De lo único que no se quejaban los padres de Antonia, era de la buena voluntad de las personas que los rodeaban, de las ganas de ayudarles a ofrecerle lo medianamente posible a Antonia. Unos traían pañales, otros ropita, y cada uno lo que podía aportar.

Fue pasando el tiempo, Antonia debía ser bautizada, según “las tradiciones” que decían tener sus padres. Quiénes serían los escogidos para hacer de madrina y de padrino. Muchas veces, este papel que se asigna a un par de extraños cercanos es sólo eso, una asignación, pero es difícil imaginar que ese papel no se interpreta con sólo aparecer el famoso día del ahijado, con una maceta, costumbre de la ciudad, o con un regalito, si está en una mejor situación económica.
En fin, este papel, que se asume tan a la ligera pero que lleva un gran compromiso, sólo se podía comprender en los cuentos de princesas, pero ellas sí que estuvieron afortunadas, por esa persona, que estaba a cargo de ellas y aparecía a su rescate, especialmente, cuando había problemas; claro, esos son cuentos, pero Antonia creció aferrada a ellos y pidiendo el momento en que aparecería su hada, su hada madrina.

Las cosas en la casa empeoraban. Se habían ido a vivir los tres a un aparta estudio, que les prestaron, con la ilusión de poder formar un hogar y sentirse cómodos, tranquilos y felices en su espacio. La plata alcanzaba estrictamente para lo necesario, un dulce de más podía ser toda una calamidad. Así que, la mamá de Antonia consiguió un trabajo con ganas de aportar y mejorar un poco la situación.

Para este entonces, la mamá de Antonia descuidó el hogar, se endeudó y empezó a mostrar quién era. Alberto, el papá de Antonia, estaba desconcertado y más desorientado que nunca, por lo que tomó la decisión de irse a un país vecino, como escolta, porque le iban a pagar mucho mejor y así cubriría los gastos, las deudas que ahora tenían, y tal vez alcanzaría para darle alguito a su pequeña.

Alberto giraba y giraba la plata que le iba entrando. Pero en Cali, las cosas no cambiaban, antes parecían empeorar. Marisol, la mamá de Antonia, parecía estar cada vez más ausente, aunque ya sin trabajo, y actuaba de manera extraña, incluso sospechosa. Alberto no teniendo más opciones, desde Ecuador, arregló todo para que Antonia y Marisol volvieran a vivir donde sus tías de crianza, así lo tendrían informado y podría saber en qué andaba metida Marisol.

A los cuatro meses de haberse ido Alberto, Marisol, de un momento a otro, se fue para Pereira, con Luis Mario, su amante y del que estaba esperando dos bebés. La ausencia de su mamá afectó mucho a Antonia, se empezó a orinar de nuevo en la cama, y algunas veces en la ropa, se volvió algo agresiva con sus tías, quienes quedaron a cargo de ella, su lenguaje se retrasó un poco y hasta su salud se deterioró un poco, por lo que las tías vieron necesario que Antonia, a sus dos años, empezara un tratamiento psicológico. Este tratamiento les servía sobre todo a las tías, y a los parientes y amigos más cercanos, a comprender a Antonia y a tratar de manejar esa circunstancia que a veces se tornaba como una ecuación de múltiples variables difícil de despejar.

Las tías de Antonia son dos señoras de edad avanzada que viven juntas con la hija de Magnolia, una de ellas, en una casa grande pero a la que se le ve los años en cada baldosa descurtida, en cada reja oxidada y en el vacío de sus habitaciones, las cuales llenan con gatos y perros que recogen en la calle. Para generar algo de ingresos con esa casa, las tías, alquilan dos o tres habitaciones. Aunque ambas tías velan, en lo posible, por Antonia, es Lucía, la otra tía, quien asume la mayor responsabilidad sobre la niña.

Dadas toda clase de circunstancias, Antonia fue creciendo. No había un momento en que estuviera en calma o en equilibrio su alrededor. A veces sus papás aparecían, a veces desaparecían por un buen tiempo, le mandaba un juguete, un mensaje, una llamada, pero el vacío estaba ahí, “lleno” de cuentos de princesas con finales felices.

Antonia, ya es toda una adolescente, quizás con más madurez y vivencias que las jóvenes de su edad. Ha creído enamorarse muchas veces, y se ha desilusionado muchas otras, quizás creyendo que su salida o quien llene ese vacío, que desde niña la consume, va a ser un encantador príncipe, que la arrebate de su realidad. Jhon Jairo es su novio, con el que lleva cinco meses y al que ama como nunca había amado antes.

Antonia llega a la droguería, ubicada cerca a la casa de Jhon Jairo, va por los resultados de una prueba de embarazo, esta es la cuarta prueba que se hace desde que está con él, las tres anteriores por fortuna fueron negativas. Aunque a veces, en pensamientos ligeros y algo locos, Antonia quisiera que el resultado fuera otro, pues le da miedo pensar que pueda ser infértil y sea una especie de castigo o lección de la historia de sus papás.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Antonia...esta es su historia

Antonia es una niña de siete años, llena de ilusiones y fantasías, muy pila y tierna, pero se le siente un vacío tras sus ojos. A pesar de su corta edad ha crecido y se ha enfrentado a adversidades que ni siquiera comprende, esperando un final feliz como sucede en sus cuentos de princesas favoritos. Antonia fue un momento de impulsos, pasiones y, tal vez, amor por parte de sus padres, quienes de jóvenes disfrutaban del momento y hacían planes apresurados y con cimientos de aire.

Cuando su madre se enteró de ella sintió mucho miedo, no estaba preparada para algo de tal magnitud, y en el fondo reconocía que su novio tampoco. Apenas podían organizar sus cosas, ella con su estudio iniciando y él con su trabajo de criminalista. Vivían juntos, por esos afanes que ofrece la juventud, en la casa de las tías de su novio, quienes lo criaron. En fin, a pesar de todas las dificultades que se veían venir, decidieron que Antonia debía tener la oportunidad de vivir, no las condiciones en que esto se llevaría a cabo.

Antonia nació. Sus padres estaban felices, muy preocupados pero felices. De ahí en adelante todo fue un conjunto de tropiezos por parte de estos, que quizá pensando que hacían lo mejor por su pequeña actuaban de manera incomprensible, y por supuesto, la más perjudicada siempre fue, y tal vez es, Antonia.